¿Por qué renunció realmente Benedicto XVI?
- 28 noviembre 2013
En febrero de este año, Benedicto XVI sorprendió al mundo cuando se convirtió en el primer Papa en renunciar al pontificado de la Iglesia Católica en casi 600 años. Pero la atención se dirigió rápidamente hacia la sucesión y el nombramiento de un nuevo pontífice. En medio de este drama, una pregunta nunca fue totalmente respondida: ¿por qué renunció Benedicto?
La respuesta oficial de Joseph Ratzinger ofrece como explicación el declive de sus capacidades físicas y mentales, pero ha persistido la sospecha de que había otras razones. Mis indagaciones han confirmado estas sospechas.
Comencé mi investigación visitando al cardenal nigeriano Francis Arinze en su apartamento ubicado en la vecindad de San Pedro. Él es una de las principales figuras de la Iglesia y conoce el Vaticano como la palma de su mano.
Arinze fue incluso mencionado en marzo como uno de los posibles sucesores del papa que había dimitido y fue parte de la selecta comitiva que escuchó personalmente la noticia de la boca de Benedicto en el Palacio Apostólico.
Le pregunté sobre los escándalos que antecedieron la sorpresiva decisión del Papa, en particular el tema de los "Vatileaks" que protagonizó el mayordomo del pontífice, Paolo Gabriele, al filtrar documentos confidenciales que exponían las luchas de poder dentro de la Iglesia. ¿Pudo haber sido ése un factor detrás de la renuncia? Su renuncia fue inesperada.
"Es legítimo que cualquiera especule y diga 'quizás', porque algunos de esos documentos fueron sacados secretamente. Pudo haber sido una de las razones. Tal vez estaba muy afectado por el hecho de que su propio mayordomo filtrara tantas cartas que un periodista tuvo material suficiente para escribir un libro.
"No creo que haya disfrutado lo que ocurrió", me dijo el cardenal.
En el Vaticano, los miembros más jóvenes y ambiciosos de la Iglesia suelen recibir un consejo: "Escucha mucho, observa todo y no digas nada". El hecho de que una figura tan importante se permita esencialmente un desvío de la línea oficial es significativo.
Infierno
Básicamente, el papa Benedicto XVI fue un papa maestro, un teólogo y un intelectual. "Para él, solo que lo mandaran a una semana de entrenamiento de habilidades gerenciales sería un infierno", me dijo una persona del interior del Vaticano.
Su mala fortuna fue acceder al papado en un momento en que existía un vacío de poder, en el que un número de mandos medios de la curia romana -los funcionarios de la Iglesia- se había convertido en "pequeños Borgias", como explicó otro clérigo.
Pero no es sólo mi palabra, esta evaluación viene de la fuente más importante, el actual líder de la Iglesia. Y el papa Francisco no suele ser tímido con sus palabras. "La corte es el leprosario del papado", ha dicho el sucesor de Benedicto. Él ha descrito a la curia como "narcisista" y "autoreferencial". Con eso tenía que lidiar Joseph Ratzinger.
Desde los últimos años del pontificado de Juan Pablo II, el corazón de la sede eclesiástica ha estado dominado por camarillas enfrentadas. Eso es lo que quiso exponer, según sus propias palabras, Paolo Gabriele cuando fotocopió y filtró todos esos documentos.
Pero el exmayordomo también dijo que su relación con el papa Benedicto era como la de "un padre y su hijo". Entonces, ¿por qué actuó de una forma que iba a avergonzar inevitablemente a alguien tan cercano a él?
"Él manifestó que había visto muchas cosas horribles dentro del Vaticano y que, en determinado momento, no pudo soportarlo más", afirmó su abogada, Cristiana Arru, mientras movía las cuentas de su rosario y brindaba su segunda entrevista pública desde el escándalo.
"Y él buscó una salida. Según sus palabras, él había visto muchas mentiras y pensaba que el Papa había sido ignorado en temas clave", añadió Arru.
Gabriele fue encontrado culpable de "robo agravado" y pasó tres meses en custodia hasta que fue perdonado por el Papa. Pero eso no fue el final. El líder de la Iglesia comisionó una investigación para saber todo lo ocurrido alrededor de este tema.
Tres cardenales produjeron un informe de 300 páginas. Supuestamente iba a permanecer bajo llave pero un diario italiano dijo que había sido informado de sus principales contenidos. ¿El resultado? Más filtraciones embarazosas, esta vez con rumores sobre una red de sacerdotes homosexuales que ejercían "una influencia inapropiada" dentro del Vaticano.
La ruta del dinero
Los dolores de cabeza siguieron afectando al Papa alemán. En el ambiente periodístico se suele decir que "hay que seguir al dinero" para saber qué está ocurriendo realmente, y esto se aplica también al Vaticano.
Durante años, manejos económicos implicaban que el Vaticano terminara pagando tasas mucho más altas que las del mercado. Cuando un informante trató de reformar el sistema, funcionarios en la corte papal convencieron al desafortunado Benedicto XVI de promoverlo a un cargo a casi 6.500 kilómetros de Roma.
Absurdos similares ocurrieron en el Banco del Vaticano, por años una fuente de titulares de diarios poco beneficiosos para la Iglesia Católica. Fue creado para ayudar a las órdenes religiosas y agilizar la transferencia de dinero más que necesitado en regiones lejanas del planeta. Pero cuando una cuantiosa proporción de transacciones se realizan en efectivo y terminan en zonas inestables del globo, no es necesario ser un genio para ver qué puede estar saliendo mal.
Parece que funcionarios del banco tomaban decisiones clave sin informar constantemente al Papa. Cuando el directorio expulsó a su presidente reformista, Ettore Gotti Tedeschi (convenientemente el mismo día que la historia del arresto de Gabriele saturaba la cobertura noticiosa), el Papa no lo supo hasta que fue muy tarde.
Según las palabras de su secretario privado, Benedicto XVI estaba "muy sorprendido". Gotti Tedeschi era un miembro del Opus Dei y se creía que era muy cercano al Papa, pero al final esto no lo ayudó.
¿Fue todo esto demasiado para un anciano pontífice?
Examinemos las precisas palabras del vocero de prensa del pontífice, padre Federico Lombardi: "La Iglesia necesitaba alguien con mayor energía física y espiritual que pudiera enfrentar los problemas y desafíos de gobernar la Iglesia en este cambiante mundo moderno".
Quizás esto es lo más cerca que usted estará de escuchar de la boca de un alto funcionario eclesiástico que la Iglesia se había vuelto ingobernable y necesitaba alguien más en el timón para poner fin al deterioro.
Esta es una Iglesia que ahora tiene la enorme oportunidad de seguir adelante y enfrentar los desafíos del siglo XXI. Muchas veces visto como remoto, su liderazgo ahora busca escuchar las opiniones de los católicos en temas controvertidos como métodos anticonceptivos y matrimonio homosexual. La reforma vino tras el escándalo. Esto no pasa desapercibido para el cardenal Arinze.
"Lo que uno debe recordar es que Dios suele escribir recto en líneas torcidas".
lineas torcidas:
Papado anterior : Roberto Calvi, presidente del banco Ambrosiano de Milán, principal instituto de la llamada “finanza católica” Calvi protagonizó el periodo más del IOR por sus negocios turbios sobre todo con divisas en los paraísos fiscales caribeños, en combinación con el presidente del Instituto para las Obras de Religión, el arzobispo norteamericano Paul Marcinkus.
Papado anterior : Roberto Calvi, presidente del banco Ambrosiano de Milán, principal instituto de la llamada “finanza católica” Calvi protagonizó el periodo más del IOR por sus negocios turbios sobre todo con divisas en los paraísos fiscales caribeños, en combinación con el presidente del Instituto para las Obras de Religión, el arzobispo norteamericano Paul Marcinkus.
Calvi apareció asesinado bajo el puente de los Frailes Negros de Londres, adonde había huido, el 12 de junio de 1982, colgado de una larga cuerda y con ladrillos en los bolsillos del saco, un viejo ritual masónico reservado a los traidores.
Una muerte ritual. Los ladrillos evocaban a la masonería. El puente respondía al simbólico nombre de los Monjes Negros, con los colores de la Bandera argentina. El cadáver y las circunstancias eran un claro mensaje. La muerte de Calvi hizo culminar un escándalo de dimensiones formidables: la bancarrota del Banco Ambrosiano. Un "crac" de 1.300 millones de dólares.
Cuando lo colgaron debajo del puente, Calvi no sabía ya por dónde y hacia dónde huir. "Todos me han abandonado", le dijo a su mujer por teléfono. En primer lugar fue rechazado en los santos muros del Vaticano, cuando acudió al banco del Papa, el Instituto para las Obras de Religión (IOR) para pedir ayuda. El presidente del IOR era el arzobispo norteamericano Paul Marcinkus, organizador de los viajes de Juan Pablo II, y el hombre que conseguía dinero para financiar a los grupos católicos del Este europeo en la lucha contra el comunismo. El Papa polaco lo tenía entre sus favoritos.
El cardenalato estaba ya casi al alcance de la mano de monseñor Marcinkus cuando estalló el escándalo que obligó a mandarlo de vuelta para siempre a Estados Unidos. Hoy vive retirado en Arizona.
El escándalo salpicó la blanca sotana del Papa, que hasta el final quiso defender a monseñor Marcinkus. Intervino el inteligente y discreto secretario de Estado, el cardenal Agostino Casaroli, quien maniobró una negociación con los bancos acreedores del Ambrosiano. Al final el Vaticano pagó US$ 258 millones a esos bancos y evitó una ruinosa cadena de denuncias judiciales a nivel internacional.
El antecesor de Calvi, para negocios comprometedores de la curia romana en los años 70, era Michele Sindona. Su trabajo consistía entre otras cosas, cumplir con el deseo del papa Pablo VI, enviar los ingresos del Vaticano al extranjero “lo que violaba las leyes italianos sobre las divisas”. Con estos métodos el vaticano quería evitar burlar las leyes italianas sobre impuestos (Spiegel special N° 3/2005). Michele Sindona el agente financiero de la iglesia, para este tipo de acciones, falleció un poco antes de la bocarrota del banco Ambrosiano. El 21.3.1982 bebió en la cárcel, sin saberlo un espresso envenenado con cianuro de potasio después de amenazar que iba a desembuchar todo lo que sabía sobre los negocios en los cuales estaba comprometido.
Uno de estos negocios lo insinuó ante la justicia Roberto Rosone, el interino de Roberto Calvi, en Agosto de 2002. Se habría “participado en un maxi-crédito para el ejército argentino, para la preparación de la guerra de las Malvinas. Si esta inyección financiera para los dictadores latinos provenía de la iglesia, no lo pudo confirmar el testigo, pero rápidamente afirmó. ”El vaticano lo tiene todo en sus manos” (Spiegel special N° 3/2005). Poco después de su confesión, Roberto Rosone sobrevivió a penas a un ataque con armas de fuego. Desde entonces no se sabe si hizo nuevas declaraciones, el atentado fue lo suficientemente claro.

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